Urbano

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Autoras/es

Sergi Ventura, J. R. Miró, David Camacho-Caballero, Enric Casellas, Ricard Segura-Barrero, Alberto Martilli, Gara Villalba

Ficha elaborada por

¿Qué estrategias urbanas son más efectivas para reducir el calor en las ciudades?

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cobertes vegetals
cobertes verdes BCN
2025
Objetivos

Evaluar hasta qué punto diferentes estrategias de adaptación urbana pueden reducir la temperatura, el estrés térmico y la vulnerabilidad de la población durante las olas de calor, tanto en las condiciones climáticas actuales como en las previstas para mediados y finales de siglo.

El estudio compara tres medidas de adaptación (suelos fríos, cubiertas verdes y cambios de usos del suelo previstos por el Plan Director Urbanístico metropolitano) y analiza si pueden mantener su eficacia en un contexto de calentamiento climático intenso.

Métodos básicos

El estudio se centra en el Área Metropolitana de Barcelona (AMB) y toma como referencia la ola de calor del 31 de julio al 6 de agosto de 2018, un episodio especialmente intenso que alcanzó los 39,8 °C en la ciudad de Barcelona.

Los investigadores proyectaron este mismo episodio de calor a las condiciones climáticas de 2050 y 2100 bajo el escenario de emisiones SSP3–7.0. Para ello, combinaron la metodología de pseudoescalentamiento global (Pseudo Global Warming) con el modelo meteorológico WRF-Comfort, con una resolución espacial de 1 km.

Se compararon cuatro escenarios:

  • Situación de referencia, con los usos del suelo actuales.
  • Suelos fríos, aumentando hasta 0,85 el albedo de las cubiertas donde esta actuación es viable, aproximadamente el 68 % de los tejados.
  • Cubiertas verdes, incorporando vegetación tipo Sedum y riego en las cubiertas adecuadas, que representan aproximadamente el 56 % de las cubiertas del AMB.
  • Plan Director Urbanístico metropolitano, con incrementos de superficie agrícola, parques urbanos y suelo urbanizado, y reducciones de bosque y matorral.

Además de la temperatura del aire, el estudio calcula el estrés térmico percibido mediante el índice UTCI y evalúa la vulnerabilidad de la población combinando la exposición al calor con factores de sensibilidad como la densidad de población, la proporción de personas mayores y la presencia de hogares con rentas bajas.

Resultados principales

Las proyecciones muestran un aumento muy importante del calor si se mantienen las condiciones del escenario SSP3–7.0. La temperatura media diurna durante la ola de calor pasaría de 37,2 °C en 2018 a 39,3 °C en 2050 y 43,4 °C en 2100, es decir, un incremento de 6,2 °C a finales de siglo. Por la noche, la temperatura media aumentaría de 27,2 °C a 32,1 °C.

  • Esta intensificación del calor también aumentaría la vulnerabilidad. Los valores más elevados se concentran sobre todo en zonas urbanas densas de Barcelona y municipios cercanos, especialmente donde coinciden temperaturas altas con una elevada densidad de población, rentas bajas o una mayor proporción de personas mayores. La vulnerabilidad media estimada aumenta de 0,06 en 2018 a 0,20 en 2100, mientras que los valores máximos pasan de 0,3 a 0,7.
  • Los suelos fríos son la estrategia con mayor capacidad de refrigeración. Durante el día reducen la temperatura aproximadamente 1,1 °C en Barcelona y hasta 1,8 °C en algunas zonas urbanas interiores. Por la noche, las reducciones alcanzan los 0,3–0,4 °C. Estos efectos se mantienen de forma similar en las proyecciones de 2050 y 2100 y también se traducen en una reducción de la vulnerabilidad en las zonas urbanas más sensibles.
  • Las cubiertas verdes tienen un efecto refrigerante menor. Durante el día reducen la temperatura entre 0,4 y 0,5 °C en Barcelona, pero pueden provocar un ligero aumento de la temperatura nocturna, de hasta 0,2 °C, debido a la liberación nocturna del calor acumulado. Por ello, su efecto global sobre la vulnerabilidad es más limitado. El estudio señala, sin embargo, que este análisis no incorpora otros beneficios potenciales de las cubiertas verdes, como la regulación del agua, la biodiversidad u otros servicios ecosistémicos.
  • La creación de nuevos parques urbanos también puede generar un enfriamiento local importante. Las zonas donde el planeamiento prevé nuevos parques pueden reducir la temperatura diurna hasta 0,7 °C y el estrés térmico hasta 1,2 °C. En cambio, la sustitución de zonas forestales por nuevos desarrollos urbanos puede incrementar la temperatura hasta 0,4 °C en las condiciones actuales y hasta 0,5 °C a finales de siglo. Por tanto, el efecto global del cambio de usos del suelo depende fuertemente de dónde y cómo se producen las transformaciones.
  • El estrés térmico percibido también aumentará considerablemente. En algunas zonas urbanas, el UTCI puede llegar a 47 °C durante el día a finales de siglo, especialmente en espacios densamente urbanizados o abiertos con poca sombra a nivel de calle.
Conclusiones

Las actuaciones sobre el espacio urbano pueden reducir de manera efectiva la exposición de la población al calor, pero su capacidad es limitada ante la magnitud del calentamiento proyectado. Ninguna de las estrategias analizadas puede compensar el aumento de unos 6 °C previsto para finales de siglo bajo el escenario SSP3–7.0.

Entre las medidas estudiadas, los suelos fríos ofrecen la mayor capacidad de refrigeración durante las olas de calor, especialmente en barrios densamente urbanizados. A la vez, los resultados muestran que crear parques urbanos puede proporcionar beneficios térmicos locales superiores a los de las cubiertas verdes, mientras que urbanizar espacios forestales puede generar el efecto contrario.

Para la gestión urbana, el estudio pone de manifiesto que no basta con aumentar genéricamente la infraestructura verde: la localización, el tipo de actuación y las características sociales de cada barrio son determinantes. Priorizar las intervenciones en zonas donde coinciden una elevada exposición al calor y una alta vulnerabilidad social puede aumentar sustancialmente la eficacia de las políticas de adaptación.

Este conocimiento es especialmente útil para personas gestoras y técnicas porque permite priorizar mejor dónde actuar y con qué medidas. En la práctica, ayuda a evitar intervenciones poco eficientes, a orientar la inversión hacia las zonas con mayor riesgo y a incorporar criterios climáticos y sociales en decisiones cotidianas de planificación, rehabilitación urbana y gestión del espacio público. También recuerda que las medidas de adaptación deben combinarse y planificarse de manera estratégica, porque ninguna actuación por sí sola será suficiente ante un calentamiento intenso.