Olmedo, E., Turiel, A., González-Gambau, V., González-Haro, C., García-Espriu, A., Gabarró, C., ... & Scipal, K. (2022). Increasing stratification as observed by satellite sea surface salinity measurements. Scientific reports, 12(1), 1-9.
Los satélites son una herramienta clave para estudiar el océano
Identificar cambios en variables oceanográficas como la salinidad gracias a la adquisición constante y ubicua de datos.
La monitorización de las diferentes variables oceanográficas se puede realizar mediante medidas in situ durante las campañas o bien a través de satélites, que complementan la información de las primeras ya que permiten adquirir datos continuamente, independientemente de las condiciones ambientales y la accesibilidad de las diferentes zonas del océano.
En especial, los datos satelitales se utilizan para estudiar zonas remotas y de difícil acceso como los polos, donde tomar medidas in situ es muy costoso, entre otros, porque los instrumentos de medida necesitan poder soportar condiciones muy extremas. Hasta ahora, los satélites han aportado mucha información imposible de obtener de otra forma, si bien los datos in situ siguen siendo fundamentales para validar los datos adquiridos desde el espacio.
El caso de la salinidad es necesario conocerlo bien para mejorar los modelos climáticos, ya que afecta al agua que gobierna la circulación oceánica y, por tanto, es uno de los principales condicionantes del cambio global. Aquí es donde los satélites tienen una buena aplicación porque permiten obtener medidas de la capa superficial del agua, mientras que las medidas in situ sólo proporcionan información de las capas subsuperficiales de mares y océanos, es decir, de las capas más inferiores.
Gracias a los datos satelitales se ha visto que la salinidad superficial está mostrando una intensificación del ciclo del agua que la salinidad subsuperficial no muestra. En concreto, en el Pacífico, se ha visto que la salinidad superficial decrece de forma más débil que la subsuperficial.
Esta aceleración del ciclo del agua se debe a un aumento de la evaporación del agua de los mares y océanos a consecuencia del aumento de la temperatura. Como resultado, en la actualidad hay más cantidad de agua circulante en la atmósfera en forma de vapor, cuyo 90% acabará precipitando de nuevo en el mar, mientras que el 10% restante lo hará sobre el continente, lo que podría traducirse en un aumento de la intensidad de las tormentas.
Asimismo, este incremento del agua en circulación por la atmósfera podría explicar el aumento de lluvias que se está detectando en algunas zonas polares, donde el hecho de que llueva en vez de que nieve estaría acelerando aún más el deshielo.
Los modelos oceánicos deben normalizar la asimilación de datos satelitales de salinidad, ya que la información que proporcionan complementa los datos in situ, lo que es crucial, especialmente, en el actual momento de crisis climática, ya que los cambios se están produciendo mucho más rápidamente que antes.