Giménez-Romero, À., T. Sintes, C. M. Duarte, and M. A. Matías. 2026. “ Thermal Stress Is Associated With Fragmentation of Mediterranean Posidonia oceanica Meadows.” Global Change Biology Communications 1, no. 3: e70031. https://doi.org/10.1002/gcb4.70031.
El calentamiento crónico fragmenta las praderas mediterráneas de Posidonia oceanica
El estudio analiza hasta qué punto el estrés térmico acumulado afecta al estado de las praderas de Posidonia oceanica en el Mediterráneo. En lugar de centrarse únicamente en temperaturas extremas o letales, el trabajo evalúa si las exposiciones prolongadas a temperaturas elevadas, pero subletales, pueden contribuir a la pérdida de cobertura y a la fragmentación de las praderas.
El objetivo principal es disponer de un indicador de riesgo más realista para detectar zonas vulnerables y orientar acciones de conservación en un contexto de calentamiento marino.
Área de estudio: cuenca mediterránea.
El estudio combina datos fisiológicos, temperatura del mar, imágenes de satélite y modelización climática. Los autores desarrollan el índice thermal stress, que cuantifica el estrés térmico acumulado a partir de la temperatura superficial del mar y de una función de mortalidad en función de la temperatura derivada experimentalmente.
Para el periodo histórico se utilizaron datos diarios de temperatura superficial del mar entre 2000 y 2020. La distribución y la estructura de las praderas se estimaron mediante imágenes de satélite de alta resolución y un modelo de aprendizaje profundo (CAMELE) aplicado a más de 30 imágenes de diversas zonas mediterráneas. A partir de estas clasificaciones se calcularon la cobertura de Posidonia oceanica y distintos índices de fragmentación.
El estudio también proyecta la evolución futura del estrés térmico, la cobertura y la fragmentación hasta 2100 bajo dos escenarios climáticos: RCP4.5 y RCP8.5.
Los resultados muestran que el estrés térmico acumulado se asocia claramente con una menor cobertura y una mayor fragmentación de las praderas de Posidonia oceanica. Las zonas con mayor estrés térmico se concentran principalmente en el sur y el este del Mediterráneo, especialmente en el entorno de Túnez, Libia, Egipto, Gaza, Líbano, Siria y Turquía.
Un resultado especialmente relevante para la gestión es que la degradación estructural puede aparecer incluso cuando la temperatura máxima del mar se mantiene por debajo del umbral letal experimental (LT₅₀ = 28,9 °C). Esto indica que no basta con controlar únicamente los episodios extremos: la exposición repetida y acumulada a temperaturas subletales puede debilitar progresivamente las praderas.
Las praderas situadas en zonas de elevado estrés térmico presentan una reducción de la cobertura superior al 40 % con respecto a las zonas de bajo estrés y un aumento de la fragmentación de más del doble. Este patrón es coherente con la idea de que el calentamiento crónico puede reducir la integridad espacial de las praderas y afectar a procesos como la conectividad clonal, la retención de sedimentos y la exportación de oxígeno.
Las proyecciones climáticas indican una regresión importante de las praderas a lo largo del siglo XXI. En el escenario RCP4.5, las pérdidas de cobertura esperadas se sitúan aproximadamente en torno al 40 % a escala de cuenca; en el escenario RCP8.5, podrían aproximarse al 80 % hacia 2100.
El estudio también muestra que la vulnerabilidad depende de la profundidad: las praderas someras, especialmente las situadas por encima de los 10 m de profundidad, experimentarían un mayor estrés térmico que las zonas más profundas, mientras que a partir de unos 20–30 m la exposición a zonas de elevado estrés disminuye notablemente.
El estudio refuerza la idea de que la conservación de Posidonia oceanica no puede basarse únicamente en umbrales de temperatura extrema. El estrés térmico acumulado constituye un indicador útil para detectar riesgos antes de que se produzcan colapsos evidentes de la cobertura o una fragmentación severa.
Para la gestión ambiental y territorial, este enfoque puede ayudar a priorizar zonas de seguimiento, identificar áreas especialmente vulnerables e incorporar el riesgo climático a la planificación marina. También subraya la importancia de reducir las presiones locales, como las alteraciones físicas, la degradación del hábitat o la eutrofización, ya que el calentamiento puede interactuar con otros impactos y acelerar la pérdida de funcionalidad de las praderas.
En un contexto de cambio global, la fragmentación de Posidonia oceanica no supone únicamente una pérdida de hábitat: puede comprometer servicios ecosistémicos clave, como la estabilización de los sedimentos, la protección costera, el mantenimiento de la biodiversidad y el papel de las praderas como sumideros de carbono.