Autoras/es

Lídia Guitart Xarpell (Associació de propietaris del Montnegre i el Corredor), Diana Pascual Sánchez (CREAF) i Eduard Pla Ferrer (CREAF)

Ficha elaborada por

Una gestión forestal pensada para reducir el riesgo de incendio y sequía en encinares mediterráneos

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Alzinar relativament sec
2023
Objetivos

Implementar una gestión forestal adaptativa al cambio climático, en el caso concreto de los encinares mediterráneos con alto riesgo de incendio con el objetivo de reducir ese riesgo.

Por otra parte, se quieren mantener los tratamientos mediante el silvopasto y potenciar la sostenibilidad de la gestión forestal aplicada a medio-largo plazo.

Métodos básicos

Zona de estudio: Montnegre-Corredor 

Dentro de las 214 ha de superficie de la finca, las pruebas piloto se han llevado a cabo en el extremo suroeste, donde se ubica la zona PEG. Las pruebas se distribuyen en 3 zonas diferentes, en función del tipo de actuación que se quiere realizar:

  • Una parcela de 5,4 ha en la que se han llevado a cabo los tratamientos silvícolas (entresaca, resalveo y desbroce selectiva). En este caso, el objetivo concreto es reducir la vulnerabilidad de la masa forestal en los incendios forestales a partir de la mejora de su resistencia y resiliencia a perturbaciones, aumentando la complejidad de la estructura y composición del bosque. 
  • Una parcela control de 1,87 ha en la que no se realiza ninguna actuación y que servirá para comparar los diferentes parámetros de seguimiento. 
  • Una parcela de 4,7 ha de mejora de recursos forrajeros para el mantenimiento de espacios abiertos que dificulte el avance del fuego. En esta zona, el proyecto SUDOE MONTCLIMA ha realizado la eliminación de restos de corteza para favorecer la aparición espontánea de especias herbáceas.

Para evaluar las experiencias piloto se ha diseñado una red de seguimiento que permita cuantificar las actuaciones a lo largo del tiempo y pueda compararlas con su estado inicial.

Resultados principales

Los cambios que se han producido en la prueba pilor son los siguientes:

  1. Humedad del combustible (madera): Se puede observar un contenido de humedad mayor y significativo en las zonas donde se ha aplicado la gestión forestal, siendo esta diferencia más evidente en los períodos de riesgo elevado de incendio (verano). En consecuencia, una de mayor humedad se traduce en una menor inflamabilidad y combustibilidad de la vegetación.
  2. Decaimiento forestal (salud del bosque): El ataque de la plaga de Lymantria dispar en 2020 fue tan extenso que provocó una elevada defoliación de todos los alcornoques y alcornoques presentes e incluso afectó al brezo, hecho muy inusual. En 2021 y 2022, el muestreo del decaimiento forestal nos indicó que la masa forestal no ha podido recuperarse del ataque anterior y que se ha agravado notablemente con la sequía de 2021-22. Habrá que esperar a que pasen varios años para ver qué zonas se recuperan mejor, si las tratadas o las control.
  3. Vulnerabilidad al fuego: Existe un cambio de estructuras en el bosque y se detecta una vulnerabilidad baja (antes era moderada-alta) en algunas de las parcelas tratadas un año después de la actuación.
  4. Humedad del suelo: aunque se hayan detectado tendencias similares para ambas parcelas, existe una significativa mayor humedad durante el último año en las zonas tratadas. Durante la primavera y el verano, una mayor humedad del suelo tiene una correlación favorable con el crecimiento de los árboles y su estado de salud.
  5. Temperatura y humedad relativa: Los datos muestran el mismo patrón para ambos tipos de parcela, con una leve, pero significativa, tendencia a una mayor temperatura en las parcelas tratadas. Cabe destacar los diferentes picos de temperatura máxima registrados en el último verano en la zona donde realizamos la prueba piloto y cómo se aprecia el efecto de un verano especialmente más caluroso. Habrá que evaluar esta tendencia a más largo plazo.
Conclusiones

Los bosques de los montes SUDOE, tanto por extensión territorial como por la sensibilidad climática, son uno de los ámbitos más vulnerables a los riesgos de sequía y riesgo de incendio. Los impactos climáticos que ya afectan a nuestros bosques se acentuarán en el futuro debido a una mayor frecuencia e intensidad de períodos de sequía proyectados por los modelos climáticos:

  • Aumento del riesgo de incendio. 
  • Cambios en el funcionamiento de los bosques y su estructura: disminución de la productividad y capacidad de almacenamiento de carbono. 
  • Aumento en la frecuencia e intensidad de los episodios de mortalidad. 
  • Aumento de las afectaciones por plagas y enfermedades en los bosques más frágiles e introducción de nuevos patógenos (hongos, insectos, etc.).

Siguiendo los resultados de esta prueba piloto, existen evidencias de que la gestión forestal adaptativa puede ayudar a hacer más robustos los bosques frente a estos riesgos y, en concreto, menos vulnerables a los incendios en el caso de encinares. Sin embargo, la complejidad y el marco temporal de muchos estudios dificulta el desarrollo de herramientas de toma de decisiones y estrategias de gestión adaptativa diversas.